El sacerdote golpea mi puerta después del mediodía. Dice que viene a darme los santos óleos. Le digo que estoy en perfectas condiciones, que en el último examen médico de rutina no se descubrió ninguna alteración relevante. Insiste, viene a cumplir con su misión, con su deber como pastor de almas.
Preparo café y le ofrezco unas galletas. Cuando me volteo a buscar la leche en la nevera me unta un líquido en la frente y masculla en voz baja una oración. Lo rechazo y me ofendo.
Se despide y me desea buena suerte.
Al menos por hoy no saldré de m casa y acabo de cancelar todas las reuniones pendientes.
Preparo café y le ofrezco unas galletas. Cuando me volteo a buscar la leche en la nevera me unta un líquido en la frente y masculla en voz baja una oración. Lo rechazo y me ofendo.
Se despide y me desea buena suerte.
Al menos por hoy no saldré de m casa y acabo de cancelar todas las reuniones pendientes.


































